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Floreciendo como la palmera Imprimir E-Mail
palmeras.jpgCada estación del año supone cambios buenos o malos según gustos. Nos quejábamos del frío hasta que llegó el sofocante calor de la primavera. Con la primavera llegaron los increíbles paisajes pero también las temidas alergias. Cada uno de nosotros podría seguir, como buen y recurrido tema que es la climatología. La verdad es que en nuestra vida siempre habrá donde mirar para agobiarnos pero también puede existir un oasis permanente donde obtener agua y así florecer todo el año sin temer a los cambios.

La Biblia dice: “El justo florecerá como palmera; crecerá como cedro en el Líbano. Plantados en la casa de Jehová, en los atrios de nuestro Dios florecerán.” Nuestra vida pasa siempre por diferentes estaciones pero Dios actúa igual en cada una de ellas. El salmo bíblico menciona que los justos tendrán victoria recibiendo los cuidados y siendo fortalecidos por Dios, especialmente en las situaciones adversas. Cuando Dios cuida fortaleciendo a sus hijos lo hace para siempre. Lo vemos ilustrado en las palmeras que conservan su colorido todo el año y en los cedros que crecen incluso con nieve.

En el caso de las palmeras, son árboles dignos de admiración que se representan en los dibujitos idealizados de las islas tropicales. Crecen en desiertos formando oasis donde sus raíces encuentran agua. Sólo necesitan luz y agua, como todas las plantas para la vida, curiosamente dos elementos con los que se define Jesús en los evangelios y que también son necesarios para la vida espiritual.

Por otra parte, los cedros, o los árboles de las montañas, que no se podaban al estar muy lejos y altos. Se decía que crecían bajo el cuidado de Dios. Por eso les llamaban “los árboles de Jehová”, que son como esas ciudades encima de las montañas que no se pueden esconder y son vistas desde lejos por las luces. En cambio, el verso resalta que estos árboles no han sido plantados en las montañas sino en un suelo poco habitual como era la casa de Jehová. En sus patios es de donde ellos reciben los cuidados. Dios los llena de la savia interior y fortalece sus raíces, dándoles lo necesario para la vida.

¡Hoy en día quién no necesita ser cuidado y fortalecido, a quién no le gustaría pertenecer a ese grupo de justos que florecen siempre como las palmeras incluso en épocas de cambios! La clave es la fe en Jesús. Por la fe, el “árbol” de tu vida puede ser plantado también en la casa de Dios, porque los justos, como repite la Biblia, son aquellos que por la fe vivirán y lo harán para siempre.

Rubén Gramaje
 
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