Hay un principio, basado en el magnetismo, por el cual los polos diferentes se atraen. Es física. Pero, ¿qué pasa con la química, se aplica esto también a la atracción de una pareja? Esa fórmula nunca la conoceremos, pero, en esta ocasión, presentamos a un joven matrimonio cuyas historias empezaron en puntos muy alejados hasta que ellos llegaron a encontrarse. Son Natalia y Alejo. Viven en Córdoba, de donde ella es natural, y se conocieron en un viaje misionero en África en el año 2017. Para Alejo, es una buena forma de saber cómo es la otra persona de forma honesta porque “ahí, uno se conoce sin poder ducharse, sin tener comida…”; y, en su caso, pudo apreciar mucho más “todas las cualidades que ella tiene”. La pareja se casó en plena pandemia y experimentó el cuidado de Dios. Cuando todo parecía imposible, él les permitió avanzar en la planificación. A pesar de su juventud, han atravesado dificultades que les han ayudado a vivir más conscientes de la presencia de Dios en sus vidas. Por un lado, las consecuencias legales de un pasado alejado de Dios para Alejo. También, el grave accidente de tráfico de Natalia durante una intervención de la ong en la que trabaja. Ambas experiencias fueron duras, traumáticas incluso, pero ella lo vivió como “una segunda oportunidad de vida”, y para Alejo fue una promesa cumplida, ver el favor de Dios “para volver a empezar una vida totalmente de cero”. Ambos desean servir a Dios. Natalia es trabajadora social y atiende a mujeres víctimas de trata y explotación sexual. Su fe es fundamental para transmitirles esperanza. Alejo está convencido de que “lo más importante para Jesús es cuidar a las personas”.